PENSANDO COMO UNA MONTAÑA, de German Venegas Rodriguez

 
10330_1259272082111_1238920061_30760362_6768651_n.jpg
El texto es de Aldo Leopold (1887-1948), ecólogo, ingeniero forestal y ambientalista estadounidense que impulsó el desarrollo de la ética ambiental contemporánea. Leopold es considerado el padre del manejo de áreas silvestres en Estados Unidos. Trabajó en el servicio Forestal y fue más tarde profesor en la Universidad de Wisconsin. Con una gran capacidad de comunicación escribió ensayos apelando al concepto de la tierra como organismo vivo. Leopold murió en 1948 de un ataque al corazón mientras combatía un incendio en los pastizales de un proyecto de restauración de Wisconsin. Su obra más conocida es A Sand County Almanac—una colección de ensayos que incluye Pensando como una Montaña (texto que transcribo a continuación).


“Un aullido profundo resuena desde el fondo del pecho, como eco de peñasco en peñasco bajando desde la montaña para desvanecerse en la profunda oscuridad de la noche. Es el arrebato de una pena desenfrenada, salvaje y desafiante, llena de coraje ante todas las adversidades del mundo.

Todos los seres vivos (y tal vez también muchos de los muertos) prestan atención a este aullido. Para el ciervo es un aviso del destino de la carne, para el pino es una previsión de luchas de medianoche y sangre sobre la nieve, para el coyote es una promesa de los restos de las presas que vendrán, para el ranchero es una amenaza de cifras rojas en la cuenta del banco, para el cazador es el desafío del colmillo contra la bala. Sin embargo, más allá de estas expectativas y temores obvios e inmediatos subyace un significado más profundo, que sólo la montaña conoce. Solo la montaña ha vivido el tiempo suficiente como para escuchar y comprender el aullido de un lobo.

Incluso aquellos que son incapaces de descifrar este significado oculto saben que este existe, pues se siente en todos los territorios con lobos y eso distingue a estos territorios de los demás. Su mensaje “hormiguea en la médula” de todos los que escuchan lobos en la noche o encuentran sus huellas durante el día. Aun cuando no los veamos u oigamos, su presencia se manifiesta en un centenar de pequeños acontecimientos: el relincho de un caballo de carga a medianoche; el golpeteo de rocas que ruedan y caen, los brincos de un ciervo en fuga, y la forma en que las sombras yacen bajo los pinos. Sólo el insensible podría dejar de percibir la presencia o ausencia de los lobos, o el hecho que la montaña posee una opinión secreta acerca de ellos.

Mi propia convicción acerca de este hecho proviene del día cuando vi morir a una loba. Almorzábamos arriba de un alto peñasco, bajo el cual se abría paso un río turbulento, cuando vimos algo que pensamos era una cierva vadeando el torrente, con su pecho en las aguas blancas. Mientras subía por la rivera hacia nosotros y sacudía la cola, constatamos nuestro error: era una loba. Una media docena de otros, evidentemente cachorros grandes, saltaban en las praderas y todos se juntaban en una mezcla bienvenida, como juego que se manifiesta con colas meneándose y mordiscos. Se extendía al pie de nuestro peñasco, literalmente, un montón de lobos retozaban y revolcaban en el centro del llano abierto.


En esos días no concebíamos dejar pasar la oportunidad alguna para matar un lobo. Dentro de unos segundos lanzábamos plomo a la manada, pero nuestros disparos iban con más excitación que precisión; siempre es confuso apuntar un tiro empinado que va a cuesta abajo. Cuando nuestros rifles estuvieron vacíos, la loba vieja ya estaba derribada y un cachorro arrastraba una pata hacia rodados intransitables.

Alcanzamos a llegar donde la loba vieja a tiempo para ver en sus ojos moribundos un salvaje fuego verde que se extinguía. Allí me di cuenta, y desde entonces supe para siempre, que había algo nuevo para mí en esos ojos, algo que solamente ella y la montaña conocen. En esos días era joven y estaba lleno de ganas de disparar; pensaba que mientras menos lobos hubiese más ciervos habrían; la ausencia de lobos traería entonces un paraíso para los cazadores. Pero después de haber visto morir ese fuego verde, sentí que ni los lobos ni la montaña compartirían mi parecer.

Desde entonces he vivido para observar cómo en región tras región se han ido exterminando los lobos. He contemplado la faz de las montañas donde recientemente se han extirpado los lobos, y en ellas he visto cómo las laderas que miran hacia el sur se van arrugando con miríadas de laberintos de nuevas huellas de ciervos. He visto cómo cada arbusto y retoño comestible ha sido ramoneado, primero hasta una debilidad anémica y luego hasta la muerte. He visto cada árbol comestible por los ciervos, deshojado hasta la altura de sus cuernos. Tal montaña se ve como si alguien le hubiese dado a Dios una podadora y le hubiese prohibido hacer otro ejercicio. Al final, blanqueándose junto a los esqueletos de los arbustos muertos o pudriéndose bajo los altos cipreses rayados, encontramos los huesos de aquellos ciervos de los cuales se esperaba tanto y que murieron de hambre por ser demasiados.

Ahora sospecho, que tal como la manada de ciervos vive con el temor mortal de los lobos, la montaña vive con el temor mortal de la presencia de los ciervos. Y tal vez con mayor razón, puesto que para sustituir a un ciervo macho eliminado por los lobos se necesitan dos a tres años, pero para recuperar una pradera eliminada por el exceso de ciervos se necesitan muchas décadas.

Lo mismo ocurre con los vacunos. El ranchero que limpia sus terrenos de lobos no se da cuenta que es él mismo quien debe realizar el trabajo de los lobos; esto es, debe ir ajustando el número del ganado para mantener su pradera. El ranchero no ha aprendido a pensar como la montaña. Por eso tenemos erosión, y los ríos lavan los suelos llevándose el futuro al mar.

Todos aspiramos a tener seguridad, prosperidad, comodidad, una vida larga y sin sobresaltos. El ciervo se esfuerza con sus patas ágiles, el vaquero con sus trampas y venenos, el estadista con su lápiz, la mayoría de nosotros con máquinas, votos y dólares. Todos aspiramos a lo mismo: la paz en nuestros días. Un cierto grado de éxito en estos ámbitos parece necesario. Sin embargo, necesitamos un modo de pensar más objetivo, porque parece que demasiada seguridad genera solamente peligro en el largo plazo.”
|

Comentarios

There is definately a great deal to learn about this subject. I really like all of the points you have made.
Responder
Greate pieces. Keep posting such kind of info on your site. Im really impressed by it. Hello there, You have done an incredible job. I will definitely digg it and for my part suggest to my friends. I am sure they will be benefited from this site.
Responder
WOW just what I was looking for. Came here by searching for manicure
Responder
Good day! Do you use Twitter? I'd like to follow you if that would be okay. I'm undoubtedly enjoying your blog and look forward to new updates.
Responder
Excellent blog you have got here.. It's difficult to find high quality writing like yours nowadays. I truly appreciate people like you! Take care!!
Responder
Hello there, You have done a great job. I will definitely digg it and in my opinion recommend to my friends. I am confident they'll be benefited from this website.
Responder
Hey! I understand this is somewhat off-topic but I had to ask. Does managing a well-established website such as yours take a massive amount work? I am brand new to writing a blog however I do write in my journal every day. I'd like to start a blog so I can share my personal experience and views online. Please let me know if you have any kind of recommendations or tips for brand new aspiring bloggers. Thankyou!
Responder
You could definitely see your enthusiasm within the work you write. The sector hopes for even more passionate writers like you who are not afraid to say how they believe. All the time go after your heart.
Responder

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Comentarios recientes

Cerrar